Por el Baldío de Velada

Por el Baldío de Velada

Un interesante recorrido por llanuras arenosas contactando con la Reser va Fluvial del río Guadyerbas

Comienza la ruta en la población de Velada (C/ La Cruz Quebrada) para coger el camino de Mojeda (asfaltado en el inicio), desechar todas las bifurcaciones a ambos lados y seguir recto por él. A nuestra derecha se sitúan, sobre una elevación, las ruinas de un antiguo molino de viento. Al poco tiempo de marcha pasamos junto a la fuente “Prao María”, bonita construcción con canalillo y cuatro pilas de granito a ras del suelo, en la lagunilla aneja es posible observar algún ave ligada al agua o que simplemente acude a beber. Tras descartar otra bifurcación hacia la izquierda, llegamos a la carretera N-502 (km 1,7) que se cruza (atención a la circulación) para seguir por el mismo camino.

Estamos en pleno “Baldío” extensa llanura arenosa, rica en micas feldespáticas, rodeada de pequeñas serrezuelas (El Berrocal), encinares y el río Guadyerbas. El Baldío se dedica principalmente al cultivo y muy especialmente a la famosa sandía de Velada, exquisito y jugoso fruto que aquí crece en secano por la existencia del denominado “acuífero 14” que aparece muy superficial. Muestra de ello son las numerosas fuentes con nombre propio (El Cubillo, La Hontanilla, Los Sauces, Prao María…) dispersas por el territorio.

La zona es un buen lugar para la observación de aves, alaúdidos y collalbas serán fáciles de descubrir, y rapaces como los aguiluchos cenizo y pálido, o los más pequeños elanio azul y cernícalo vulgar, fáciles de sorprender “colgados” del cielo para escudriñar el terreno. Algunos limícolas son especialmente abundantes en invierno como la avefría, o el alcaraván en primavera, quien mantiene una interesante población en la zona. La cercanía de bosque mediterráneo o la Sierra de Gredos, hace que visiten el Baldío rapaces como buitres, milanos, aguilillas calzadas y busardos ratoneros.

Dejamos el camino de Mojeda para desviarmos a la derecha por un camino secundario (km2,2) que nos lleva hasta la Cañada Real Leonesa Oriental (km 3,0) para seguirla hacia nuestra izquierda, junto a un pequeño arroyo que baja de los montes cercanos que sirve de abrevadero al ganado. Estamos en una de las antiguas vías trashumantes más importantes de España, un importante legado cultural de todos los españoles que se remonta al siglo XIII y que atraviesa este territorio de norte a sur. Seguimos la Cañada durante más de tres kilómetros, descartando todos los caminos que salgan a ambos lados (nuestra dirección será recta y hacia el norte). Se atraviesan algunas zonas de matorral (retama, junco, torvisco, codeso, esparraguera, cantueso…) donde los conejos encuentran un hábitat ideal, hasta contactar con el arroyo Riolobos, fácil de intuir por la altiva vegetación de ribera que crece en sus orillas, dominada por fresnos, sauces y álamos. Junto a él aparecen los restos de lo que parece ser un molino de agua de origen romano.

Abandonamos la Cañada (km 6,2) desviándonos a la izquierda por un camino discreto y arenoso (camino de Parrillas) donde un panel informativo nos recuerda que entramos en los dominios de la Reserva Fluvial de los Sotos del río Guadyerbas y Arenales del Baldío de Velada, territorio que forma parte de la Red de Espacios Protegidos de CastillaLa Mancha por sus valores ambientales y que más tarde conoceremos más de cerca. El camino nos introduce en un nuevo hábitat donde los alcornoques empiezan a proliferar formando a veces un interesante paisaje aclarado y roturado para el cultivo. Debemos seguir el camino, una vez más, recto, ignorando otros que salgan a ambos lados. Un pozo-abrevadero (construido en 1968 según consta en su ) que se sitúa bajo un grupo de alcornoques es un buen lugar don etenernos para empaparnos de este paisaje mediterráneo donde la Sierra de Gredos es también protagonista.

Más ade- lante contactamos de nuevo con la carretera N-502 (km 9,5) para volver a cruzarla y pronto dejar el ca ino principal (km 9,9) para des por otro, esta vez a la derecha. Esta nue va vía nos acerca poco a poco hacia los dominios del río Guadyerbas, un nuevo cartel informativo nos recuerda la existencia del espacio protegido. Un buen tramo de camino discurre junto a una alambrada que separa las tierras del Baldío (de propiedad municipal) de una finca privada donde se ha realizado una singular reforestación de alcornoques y encinas. En la zona parecen algunos arroyos acompañados de excelentes “selvas” de fresnos, sauces y quejigos que siguen sus cauces, auténticos bosques-isla donde se refugia una rica biodiversidad en un entorno de llanuras de cultivo, lo que hace que estas formaciones sean verdaderos “oasis”de vida. 

Llegamos a las márgenes del río Guadyerbas (km 11,8), ahora el gran protagonista. Destacan en el paisaje, además de los bosques ribereños rodeados de alcornoques y encinas, las cumbres de Gredos que rematan una bonita estampa natural. La curiosidad nos hará abandonar momentáneamente el camino para internarnos en las selvas ribereñas del Guadyerbas, no sin cierta dificultad por la tupida vegetación. La variedad de trinos entre la espesura intuye una gran variedad de aves: ruiseñores, pinzones, zorzales, pitos reales, torcaces, oropéndolas… y entre los mamíferos (éstos mucho más difíciles de descubrir) hay garduñas, ginetas, gatos monteses y jabalíes, cuya presencia se hace patente por sus bañas y rascaderos.

De nuevo en el camino seguimos junto al Guadyerbas para abandonar sus dominios por otro camino a la izquierda hacia el sur (km 12,4) y contactar enseguida con otro que nos llevará de regreso hacia la carretera N-502 habiendo culminado una pequeña ruta circular por este territorio de riberas, alcornoques y cultivos, típico paisaje del Baldío.

C o m e nzamos el regreso hacia la población de Velada por un excelente camino (km 15,0) que sigue paralelo a la carretera (separado de ella menos de 200 m) durante un buen tramo, no llegando a 3 km, hasta conectar con un cruce de caminos (km 17,7) para seguir por la derecha. El curso del arroyo de Los Huertos, va por nuestra izquierda. Un pequeño embalse (km 18,7), para abastecimiento de Velada, es un buen lugar para observar algunas acuáticas como garzas, garcillas bueyeras, gallinetas o ánades reales. Atravesamos una gran extensión de terrenos arenosos salpicados de matorral (un hábitat ocupado en primavera por una buena población de abejarucos que hacen sus nidos-túneles en el suelo) hasta contactar con otro camino (km 20,1) que ya definitivamente nos enfila a la población, situada al sur. Nada más coger este camino atravesamos el arroyo de Los Huertos por una plataforma de cemento.

Estamos en el camino de Navalcán que luego conecta con el camino de Parrillas. De nuevo, debemos intuir el camino principal, siempre recto, ignorando los que se desvíen hacia ambos lados. Junto a zonas de cultivo predominante, en algunos puntos aparecen retazos de encinar aclarado, donde pululan bandos de rabilargos o donde las abubillas nos anuncian con su “pu-pu-pu” la incipiente llegada de la primavera. El tramo final del camino está asfaltado, entrando en la población de Velada por la C/ Mártires, (km 23,8), dando por finalizada esta dilatada ruta por territorios veladínos.