Entre estepas y dehesas de llanura

Entre estepas y dehesas de llanura

Recorremos un bello itinerario de zonas abiertas y encinares de llanura bien conser vados, hasta el Camino Real de Veratos

Desde la plaza de Torralba de Oropesa, tomamos las indicaciones de los carteles dirección al Dehesón del Encinar y la Dehesa Casaes. Pasamos por unos suaves badenes y desembocamos en un camino rural asfaltado llamado Camino de Parrillas, inicio de nuestra ruta.

Se trata de un trazado que se dirige hacia el norte. Serán sobre todo dos los ambientes que encontraremos; los amplios campos abiertos asociados a antiguas labranzas, y a medida que avanzamos hacia el norte, las dehesas, donde desde muy antiguo se realiza el tradicional aprovechamiento agro-silvo-pastoril, todo ello con el incomparable telón de fondo de la Sierra de Gredos.

Nada más tomar el camino asfaltado nos acompañan a izquierda y derecha algunos olivares e higueras utilizados para la economía familiar; vallas metálicas que delimitan pequeñas explotaciones y poco después, los amplios espacios abiertos utilizados sobre todo para plantación de cereal de secano. Pronto atravesamos una línea de alta tensión ( km 1,0) con un pequeño pinar de repoblación a la derecha y, poco más adelante a la izquierda, un amplio recinto alambrado delimita el espacio antes utilizado como vertedero municipal y hoy, afortunadamente recuperado, quedando a la derecha el cerro Atalaya (378 m) con el vértice geodésico que marca la máxima elevación del entorno.

Algo más adelante siguiendo nuestra ruta asfaltada, atraviesa un camino recto de tierra, que debemos tomar a la izquierda (km 1,6). A medida que nos internamos por él, nos acercamos a la casa Campillo, antigua labranza, hoy en ruinas, testigo de la importancia que en un pasado no muy lejano tenían estas grandes extensiones para la economía de la zona. El amplio campo de visión que tenemos puede servirnos para descubrir un buen número de especies ligadas a los ambientes esteparios como totovías, alondras, trigueros, etc., bandadas de pequeños pájaros en otoño e invierno, cernícalos vulgares, las omnipresentes cigüeñas blancas en todo tiempo, el cernícalo primilla en primavera y verano o los aguiluchos lagunero y pálido en otoño e invierno.

El camino que llevamos se une un poco más adelante con otro que tomamos a la derecha (km 2,3), es el camino del Chaparral. Nada más cogerlo queda a la izquierda una pequeña laguna rodeada de álamos blancos y junqueras, bonito espacio entre la inmensidad de la llanura donde merece la pena hacer una parada.

A partir de aquí, un poco más adelante superamos el escueto cauce del arroyo Pajarranca (km 3,2) que discurre dirección oeste, hacia el paraje del mismo nombre, las encinas comienzan a menudear en régimen de dehesas a derecha e izquierda del camino, con una cabaña ganadera sobre todo de vacuno y espacios dedicados a la recuperación del encinar y pinares de repoblación. Poco después, el camino hace un brusco giro a la derecha (km 4,1) y siguiendo las indicaciones de los carteles, seguimos de frente, dejando a la izquierda el camino que traíamos que se sale del término municipal. Nos dirigimos otra vez hacia el camino asfaltado que tomamos al principio de la ruta. Nada más desembocar en él (km 4,5), a la derecha, vemos uno de los “huertos solares” que han proliferado en los últimos años en un intento por desarrollar las necesarias energías alternativas. Volviendo al cruce anterior, tomamos a la derecha el llamado camino de Aravalles que nos conduce a las casas y ermita del mismo nombre (km 4,8), en un bello y agradable entorno acondicionado con mesas, que se puede visitar.

Retomando nuevamente el camino asfaltado, nos internamos poco a poco en un bonito ambiente de dehesas habitadas por vacas donde sobresalen las de raza avileña. Debemos ir pendientes, pues dependiendo de la época del año, podremos visualizar un buen número de especies. En otoño e invierno es un espectáculo las idas y venidas de nutridos grupos de grullas; en cualquier tiempo, el elanio azul, pues es zona de nidificación, caza y campeo del bello halconcillo y debemos estar muy pendientes del cielo donde es fácil que podamos descubrir la silueta de las grandes rapaces incluidos los grandes carroñeros que, incansables, escudriñan el suelo en busca de presas o animales muertos, auténticos sanitarios del monte.

Siguiendo nuestra ruta, pasamos junto a la finca de Los Leones y lo que son restos de antiguas explotaciones agropecuarias, donde no faltan las retamas y algún álamo junto a pequeñas corrientes de agua. Algo más adelante atravesamos un paso donde confluyen tres arroyos; el del Salmuero, el Alcañizo (el más importante) y el de la Quebrada (km 5,9) bonito lugar con abundancia de fresnos junto al cauce que prácticamente se mezclan con las encinas, buen lugar para que hagan sus madrigueras y huras conejos, zorros y tejones.

Inmersos completamente en el ambiente de la dehesa bien conservada, seguimos disfrutando del bello paisaje que tiene uno de sus puntos álgidos en los días de niebla del otoño e invierno, donde las encinas parecen desvanecerse en un halo blanco que todo lo envuelve, entre el ir y venir de grullas y la certeza de encontrarnos en un lugar donde la biodiversidad se escribe cada día con mayúsculas.

Algo más adelante llegamos a otro paso donde salvamos el arroyo de la Galapaguera (km 7,1) que discurre hacia el oeste tras haber estado detenido en la charca del cortijo de los Pajares. Junto a la charca, unas encinas albergan una bonita colonia de cigüeña blanca, especie muy habitual en toda la zona. Todo el espacio está dedicado a actividades agropecuarias con una destacada cabaña de vacuno y explotación sostenible agro-silvopastoril. Desde este punto seguimos adelante para llegar a la intersección del camino asfaltado con el camino Real de Veratos, vía pecuaria con trazado este-oeste, final de nuestra ruta (km 7,9), que no obstante podemos seguir, para enlazar con el camino del Dehesón del Encinar y conectar con la ruta propuesta ya para el término de Oropesa.