Naturaleza desde la Cañada Real hasta el río Guadyerbas

Naturaleza desde la Cañada Real hasta el río Guadyerbas

Por la Cañada Real , entre dehesas, encinas y alcornoques, hasta la Reser va Fluvial del río Guadyerbas.

Nos encontramos en un espacio ambientalmente muy valioso, pues se haya inmerso en el LIC Sierra de San Vicente y Valles del Tiétar y Alberche y la ZEPA Valle del Tiétar y embalses de Rosarito y Navalcán, espacios que formarán parte de la red de espacios naturales protegidos a nivel europeo.

La ruta parte de la localidad de Parrillas y discurre por la Cañada Real Leonesa Occidental. Para acceder a la misma, salimos de la Plaza del Pozón, junto al Rollo jurisdiccional, tomamos la carretera TO-9101-V dirección este, hacia la N-502.

La Cañada se sitúa a 1,8 km de Parrillas. Hemos dividido la ruta en dos partes, tramo norte y tramo sur.

Esta cañada que une las tierras de la Meseta Norte y la Meseta Sur, a través de la Calzada Romana del Puerto del Pico en la Sierra de Gredos, es todavía utilizada por los trashumantes que año tras año, en los meses fríos bajan el ganado hacia el sur y en verano lo trasladan hacia el norte, en busca de los pastos de altura. Es entonces cuando se produce un constante trasiego de trashumantes, hombres a lomos de caballos, acompañados de sus fieles mastines, trasladando las negras avileñas desde la dehesa a la montaña, como rescatando una antigua tradición que aún sigue viva.

Una vez en la cañada, tomamos el tramo norte. La ruta no tiene pérdida, pues discurre por una vía ancha, bien marcada, al abrigo de extensos encinares adehesados. Apenas iniciado el recorrido queda a la derecha la Casa de la Cantina (km 0,4) referencia a las antiguas ventas y cantinas que ofrecían servicios de comida y hospedería a los pastores trashumantes. También observamos las antiguas vallas de piedra o cercones delimitando los espacios y que nos acompañan en casi todo el recorrido.

Algo más adelante, también a la derecha, quedan las Casas de la Fresneda (km 1,4) y, poco después, cruzamos el escueto cauce del arroyo de la Fresneda (km 1,8), rodeado de encinas, fresnos y majuelos, entre los que es fácil observar abubillas, alcaudones y totovías o escuchar el canto del mochuelo mientras se cruza una mirla huidiza y el cielo azul lo sobrevuela el águila calzada, mientras, entre las zarzamoras del arroyo, canta en primavera el ruiseñor, recién llegado de África. A nuestro paso se alertan los conejos que, a la mínima, se emboscan en la espesura, mientras descubrimos sobre una piedra los excrementos que el zorro dejó la noche anterior como marca de su territorio.

A partir del arroyo el paisaje se abre en pequeños claros, donde no será difícil descubrir en su posadero al ratonero, también llamado busardo ratonero, a veces hostigado por una horda de molestos rabilargos temerosos de su presencia. Pasamos junto al paraje de Las Calabazas que dejamos a la derecha, donde podemos descubrir al alcaudón común que, desde su atalaya, lanza continuos ataques a grandes insectos y pequeños reptiles que luego cuelga en el espino, donde los desgarra. También cantan las cogujadas y vuelo zorzales entre reclamos de herrer arboneros. Este tramo norte finalizan la N-502 (km 3,2).

Volviendo por nuestros pasos, llegamos nuevamente al punto de partida en la TO-9101-V para iniciar el tramo sur por la cañada, que discurre hasta el río Guadyerbas, eacio catalogado como Reserva Fl  mos de seguir la ruta sin salirnos de la cañada. 

Diversos caminos atraviesan la misma como el del Azirate o el camino de Parrillas a Talavera, todos los ignoramos para seguir rectos. A la izquierda nos acompaña un espeso encinar, mientras, a la derecha, el monte se muestra más adehesado, con la Sierra de Gredos que en invierno viste de blanco. Vuelan pinzones y rabilargos; una abubilla eriza su llamativa cresta mientras busca alimento en el suelo. En los postes vigilan los ratoneros y algún cernícalo vulgar y en invierno, un bandito de jilgueros mezclados con verdecillos revolotean entre los cardos y las avefrías escudriñan el suelo buscando lombrices y gusanos de tierra.

Llegamos a un punto (km 2,6) donde la cañada se divide en dos. Se trata del antiguo y del nuevo trazado que se hizo como consecuencia de la construcción del embalse de Navalcán. Tomamos a la izquierda (por el nuevo trazado), por el camino nos siguen los rabilargos se cruzan zorzales y en otoño e invierno nos sorprende el “palomazo” en forma de nutridos bandos de palomas torcaces. En las claras mañanas de primavera, a veces, se puede escuchar un reclamo poco habitual, se trata de la “ladra” en forma de reclamo de una de las rapaces más amenazadas de Europa, el águila imperial ibérica que muy arriba en el cielo, o en vuelo rasante sobre las copas de los árboles, busca una presa.

La cañada y nuestra ruta, discurre entre las fincas Mayuguiza a la derecha, con un patrimonio ambiental, etnográfico y cultural digno de reseñar, y el Corchito, a la izquierda, entre dehesas de encinas y alcornoques. En invierno la grulla común es inquilina habitual de la dehesa mientras lanza sus fuertes reclamos entre sonidos de cencerros de las negras avileñas.

Llegamos a la Reserva Fluvial de los Sotos del río Guadyerbas (km 5,2), fin de la ruta, desde donde observamos cigüeñas entre el pastizal, canta la abubilla y vuela el abejaruco. En el río, cantan ruiseñores noche y día, pesca la garceta común y la cigüeña negra. Las arboledas y sotos del Guadyerbas son lugares para recorrer pausadamente, pues en ellos descubriremos una gran cantidad de especies, todas ellas interesantes.