Corchuela, Dehesón del Encinar, embalse de Navalcán y Cañada Real Leonesa Occidental

Corchuela, Dehesón del Encinar, embalse de Navalcán y Cañada Real Leonesa Occidental

Ruta por las dehesas mejor conser vadas del oeste toledano.

La ruta que proponemos posee sin duda unos valores ambientales que podríamos calificar de excepcionales por lo que significan sus espléndidos encinares de llanura representativos de lo que otrora fueron las extensas“selvas mediterráneas” del centro de España. Buena parte del recorrido discurre por el LIC Sierra de San Vicente y Valles del Tiétar y Alberche y la ZEPA Valle del Tiétar y embalses de Rosarito y Navalcán, lo que nos pone en antecedentes de su rica biodiversidad.

Desde Oropesa, localidad que debemos visitar con detenimiento por el importante patrimonio histórico que atesora, accedemos a la aldea de La Corchuela, inicio de la ruta, por la CM-5150. Ya en el poblado, tomamos dirección este, para enlazar con el camino del Dehesón del Encinar.Vamos dejando las casas del poblado a la derecha para llegar al edificio de la iglesia del Stmo. Cristo de la Humildad (km 0,4), en cuyos huecos de las paredes suelen establecer sus nidos las grajillas. En este punto atraviesa de noreste a suroeste la Cañada Real, que luego tomaremos junto al embalse de Navalcán. Un poco antes de llegar a la iglesia hay que detenerse para buscar un alcornoque singular que está hacia el sur. Merece la pena que nos acerquemos (km 0,6) para comprobar sus dimensiones auténticamente espectaculares.

Retomando el camino, ahora sobre un asfalto muy deteriorado, seguimos adelante escoltados por una espesa hilera de árboles y arbustos donde no faltan encinas, alcornoques, acebuches, arces, fresnos, quejigos, olmos, almeces, majuelos, rosales silvestres, etc. Se trata de una muestra bien representada de las especies características del monte termófilo mediterráneo, que encontraremos en abundancia en toda esta ruta donde es importante ir equipados con buenos prismáticos y guías de aves, árboles y arbustos que nos facilitarán la identificación. Ni que decir tiene que aconsejamos ir pendientes del cielo, pues en toda la ruta y en cualquier momento descubriremos la silueta de las grandes rapaces, desde los buitres leonado y negro, al cada vez más escaso alimoche, las grandes águilas donde se incluyen real, imperial, calzada y perdicera, además de culebreras, milanos real y negro, ratoneros, elanio azul, aguiluchos lagunero, cenizo y pálido, cernícalos vulgar y primilla, halcón peregrino y abejero, azor, gavilán, alcotán…a las que se unen las rapaces nocturnas: búho real, cárabo, lechuza, búho chico, mochuelo y autillo además de una pléyade de pequeños pájaros. En cuanto a los mamíferos depredadores, jineta, garduña, comadreja, tejón, zorro, gato montés, etc. y entre los ungulados, el ciervo, con buenas poblaciones en algunas fincas, siendo excepcional para la escucha de la berrea a finales del verano.

Atravesamos un estrecho puente sobre el arroyo Alcañizo (km 2,9) que discurre por la izquierda, paralelo al camino, entre amplios meandros, escoltado de espesas fresnedas, sin duda, importante reducto de biodiversidad. Algo más adelante pasamos junto a la finca el Deseo y, poco después, entramos en la finca El Dehesón del Encinar (km 3,6). Se trata de un espacio de más de 700 ha propiedad de la Junta de Comunidades, declarado Refugio de Fauna, que ha venido siendo utilizado como centro de investigación agropecuaria y cría de razas autóctonas, que alberga una comunidad vegetal y animal de primer orden y con unas posibilidades infinitas en el campo de la conservación, la investigación y la educación ambiental. Llegamos a las casas del Dehesón (km 7,0) que bordeamos, para seguir por un camino de tierra bien marcado, entre vallas de alambres de espino.

Siguiendo adelante pasamos poco después bajo una línea de alta tensión (km 8,6) hasta llegar a una bifurcación del camino (km 9,8) que tomamos a la derecha. Poco después pasamos junto a la casa del guarda de los Dehesones (km 10,2) desde donde se obtiene una espléndida visión hacia el sur. El itinerario sigue adelante hasta llegar al establo de Mengacenar (km 12,4) que bordeamos por la derecha. Poco más adelante llegamos a la cola del embalse de Navalcán (km 12,7) ya en plena Cañada Real Leonesa Occidental.

Navalcán es un embalse sobre el río Guadyerbas que atesora una gran riqueza ambiental. Entre las especies más significativas está la población invernante de grullas que oscila entre 3.000–4.000 individuos, población que alterna con la del cercano embalse de Rosarito, alcanzando entre ambos alrededor de 10.000 grullas invernantes, un auténtico espectáculo, sobre todo en los amaneceres y atardeceres, a las que se suman un importante número de ánsares, cormoranes, fochas, ánades de varias especies, garzas, incluyendo la garceta grande, cada vez más habitual, limícolas, etc. También están presentes las cigüeñas negras, siendo un lugar de gran importancia postnupcial para la especie, y puntualmente, águila pescadora, tarros, espátulas y un número indeterminado de flamencos que en los últimos años se dejan ver por sus orillas. Todo un espectáculo para el amante de la naturaleza, con grandes posibilidades turísticas y educativas, enmarcado por la altiva Sierra de Gredos, siempre como telón de fondo, lo que añade un alto valor paisajístico. Enfrente, la casa del Golín de la Senda emerge entre apretados encinares y a la derecha, la Reserva Fluvial del Guadyerbas.

A partir de este momento toda la ruta discurre por la Cañada, que hay que seguir hacia la izquierda (oeste), mientras encinas de gruesos troncos y altivos alcornoques nos salen al paso, muestra de la riqueza excepcional que debió tener toda la zona antes de hacer el embalse. Ahora miles de tocones descansan bajo el agua, mientras ésta ha traído nuevos paisajes y nuevas especies asociadas. El recorrido discurre junto al embalse, que hay que hacer de forma pausada ya que podremos descubrir un gran número de especies. Después, siguiendo siempre por la Cañada, bien marcada y visible entre vallas metálicas, con una anchura de 90 varas castellanas lo que equivale a 72,22 m, llegamos a un punto (km 16,1) donde tomamos dirección suroeste. Aún nos queda un largo trecho para disfrutar de un paisaje adehesado excepcional y las oportunidades que ofrecen algunas pequeñas lagunas que se originan a izquierda y derecha de la Cañada que es atravesada por el arroyo Porquerizo (km 21,8). Hay que ir pendientes hasta La Corchuela (km. 23,5), final de la ruta.