Por los campos del norte de Alcañizo

Por los campos del norte de Alcañizo

Un paseo entre el  arroyo Alcañizo y los campos adhesados del norte del municipio.

Una vez en el municipio, al que se accede por la TO-7741-V, nos dirigimos por la Avenida de Toledo hasta llegar a la Plaza Mayor, desde donde tomamos la calle Real hasta la Plaza de las Verduras, a la izquierda, buscando la calle de Talavera. Siguiendo la misma nos cruzamos con la calle del Pontón que la cogemos a la izquierda para cruzar la vía férrea Madrid-Cáceres, donde iniciamos la ruta por el camino de la Venta.

Al poco de iniciar la misma nos desviamos a la izquierda (km 0,1) por el camino del Grillo, lo seguimos un corto trecho y giramos a la izquierda (km 0,16), volviendo a aproximarnos a la vía férrea y seguimos paralelos a ella hasta tomar a la derecha el camino de Navalcán (km 0,7). En este trayecto el camino discurre entre olivares donde con paciencia podremos descubrir una interesante ornitofauna de pinzones, colirrojos, petirrojos, zorzales y mirlos. Allí el mochuelo  común nos sorprende con su “maullido” desde el olivo y en  invierno, algún esmerejón  vuela rasante entre el bosquete persiguiendo a los pequeños pájaros que se alimentan en el olivar.

Seguimos por el  ca mino hasta cruzar el Arroyo de Alcañizo (km 0,85), donde haremos una parada para observar aves típicas de las riberas, un ecosistema interesante, autentico refugio para la fauna del lugar. Aquí viven currucas cabecinegras, currucas capirotadas, mosquiteros, zarceros y duermen en los zarzales los gorriones morunos. También encuentran refugio algunos mamíferos como conejos, ratones de campo y comadrejas. En primavera, de día y de noche, cantan a sus hembras los ruiseñores, haciendo gala de melodiosas sinfonías.

Desde aquí seguimos nuestra ruta ya por un ecosistema muy diferente formado por baldíos, campos cerealistas, barbechos y encinares mas o menos adehesados. También hay que resaltar la presencia de algunas charcas artificiales, donde acuden a beber palomas torcaces, gangas, ortegas y otras aves del lugar.

También tendremos la posibilidad de observar otras interesantes especies entre las que destacan las rapaces como el cernícalo vulgar y el primilla, el aguilucho cenizo y el aguilucho pálido, el ratonero común (también llamado busardo ratonero), el milano negro y hasta el elanio azul o común. En primavera no será difícil escuchar el trémulo reclamo de una de las más bellas y enigmáticas rapaces nocturnas como es el cárabo común que nos observa inmóvil desde su escondido apostadero.

Entre  los  cultivos podemos observar desde  trigueros  y  cogujadas a collalbas y, en invierno, nutridos bandos de alondras y bisbitas. Entre la vegetación de borde del camino se alimentan mosquiteros y tarabillas, siendo frecuente contemplar pequeños grupos de jilgueros mezclados con verdecillos alimentándose entre las gramíneas.

Atención a las charcas artificiales. Allí realizan en primavera numerosas puestas sapos, sapillos, ranitas y demás anfibios del lugar que cuando eclosionan en forma de renacuajos, constituyen una suerte de maná para numerosas aves. Entonces acuden cigüeñas, garzas reales, garcetas, y hasta algún zampullín o martín pescador en busca del preciado manjar.

Para los aficionados a las setas también tiene su atractivo, pues en los prados y baldíos crecen champiñones, volvarielas, setas de cardo y senderuelas. En las dehesas podemos recolectar boletos, parasoles y algunas rúsulas comestibles, todas ellas de excelente calidad. Pero también hay que prestar atención a las especies sin valor culinario o venenosas que hay que desechar, pero nunca destruir, pues cumplen una importante función en la naturaleza.

Todo el itinerario lo realizaremos sin desviarnos del camino principal por el que seguimos hasta llegar a la N-V (km 2,8) final de la ruta.